Ella solo tiene dos años…

Y es que ella solo tiene dos años y la hemos hecho mayor, hermana mayor…

A veces pienso que nuestro nivel de exigencia con ella es demasiado alto, se le presupone mayor de repente, que tiene que ayudarnos a normalizar la situación con su nuevo hermanito, que tú antes lo hacías sola y no entiendo por qué de repente no sabes, se te ha olvidado ser independiente y vamos para atrás, pero, ¿cómo? ¿en serio le estáis diciendo eso a mi niña? y sale la loba madre y abrazo a mi cachorra después de uno de los mil berrinches diarios y pienso que algo no estoy haciendo bien, que le exijo demasiado, que ella solo me necesita igual que antes de su hermano, o más, que se siente sola, que yo no soy capaz, que me guardará rencor por las veces que no dejé absolutamente todo lo que estaba haciendo para correr a darle el gusto, el capricho de turno, para cogerla o para soltar a su hermano que principalmente es el detonante de todo lo demás.. Pero eso solo me pasa a veces, cuando me doy cuenta de que estoy cansada, de que no puedo con todo, de que esta situación también es nueva para mí y de que no pasa nada si no le enseño a mi hija que el mundo se parará cuando ella lo necesite, porque no será así…

Qué vida esta joder, ella, tan bonita, tan dulce, tan tierna, tan desprotegida y vulnerable, ella, mi mundo, mi vida, mi niña, tiene que aprender a gestionar sus emociones cuando ni siquiera es capaz de ponerse los zapatos sola y apenas llega al pomo de la puerta para abrirla, tiene que ponerme al límite para que sea yo la que le enseñe hasta donde sí y hasta donde no… Esto cada día, muchas veces ella y muchas veces yo, como en bucle sin perder la paciencia y sin despeinarnos… ¿Cómo puede un cosa tan bonita tener la ira del infierno dentro? ¿Un huracán capaz de destrozar a su paso mi sonrisa y la suya? Pero, ¿en serio? me canso de oírme, venga, vamos, que te dejo ahí, mamá se va, no llores, camina, por favor, como no te levantes me voy, pero vamos a ver, tenemos prisa, ¿qué te estoy diciendo? ¿no me oyes? Por favor, no puede ser esto… ¡Cuando te calmes, vuelvo!

 

¿Pero qué ha pasado? Hace dos días yo tenía 20 años y pensaba cuando veía algo así: vaya madre, la que está montando, no puede con su hija y es una pulga… CUANDO YO SEA MADRE….

 

… Y aquí llevo media hora, en mitad de un centro comercial negociando con una ratona rabiosa que quiere por encima de todas las cosas una bolsa de gominolas que la supera en altura y por supuesto en peso y no puede entender de ninguna manera que su madre no se la quiera comprar, venga, no llores más, tenemos que irnos, mamá se va, se está yendo, levántate del suelo, ¿es que no me oyes? Adiós, ahí te quedas. (Y en mi cabeza solo se oye… ¿Le compro las gominolas y una bolsa de gusanitos gigante por si acaso? jaja… ¡Qué difícil es esto, oiga!)

 

Y cuando me alejo las veo a ellas, con sus 20 años, ideales, completamente ajenas a la idea de que yo hace dos días también tenía 20 años, sonriendo, señalándonos, a mí, a esa mala madre que se aleja y entonces, justo en ese momento, la que sonríe soy yo…

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